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Un hombre con los cojones bien puestos

Observemos bien el siguiente video. Ocurrió durante la grabación de un programa de TV en la India.



Se trata, simple y llanamente, de un hombre que respondió a una agresión. Pero como esta respuesta estuvo dirigida hacia una mujer, La Matriz emitió una alerta. Para La Matriz, un hombre defendiéndose de una mujer es una acción prohibida, un error en los códigos que debe ser inmediatamente depurado.

En virtud de ello, todos los presentes comenzaron a atacar a este hombre, y a castigarlo excesivamente cuando no había nada que castigar. Él todo lo que hizo fue responder a su atacante. Lo correcto era, simplemente, separarlos a ambos y cada quien con su bofetada. Pero no fue así, sino que entre todos, cobardemente, comenzaron a golpear y ofender al hombre. O alguien dígame si el castigo que recibió fue justo, si es que acaso debió ser castigado. Y he aquí, una vez más, la hipocresía feminista: condenando la violencia masculina como la peor de las acciones, pero dejando impune la violencia femenina.

Toda mujer sabe que un hombre que responda de esta manera a sus agresiones, será severamente condenado, incluso por otros hombres (por no hablar ya de la policía y jueces); es por ello que siempre he dicho que la mujer que golpea a un hombre es mil veces más cobarde que el hombre que golpea a una mujer, porque sabe que él no podrá regresarle el golpe, so pena de sufrir estas terribles consecuencias. El decir que "porque soy débil soy impune" ó "soy mujer, soy intocable", es la verdadera cobardía que hay que condenar.

Este hombre es un valiente -en toda la extensión de la palabra-, porque yo me pregunto cuántos de los lectores hubieran tenido los mismos huevos para hacer lo que él hizo, y reto a cualquier mujer que lea esta nota a que me diga que su respuesta no fue la adecuada. En cambio, todos los que se le fueron encima son unos cobardes, unos perros traidores, por pasar por alto la agresión de la tipa y atacar salvajemente a un congénere. Están hipnotizados (o idiotizados), irremediablemente conectados al sistema.

Basta ya de la violencia feminista.



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ÁREA RECONFIGURADA

ANIMATRIX - CAPÍTULO VII: MÁS ALLÁ

Igualdad: falacia feminista

Aceptémoslo: los hombres hacen más por las mujeres que las mujeres por los hombres. En cambio, las mujeres desprecian más a los hombres que los hombres a las mujeres.

¿Y qué con eso? Los hombres siempre han aceptado esta condición desigual de los géneros.

Pero ahora que las mujeres insisten por todos los medios en quejarse de la desigualdad de géneros, hay que recordarles que los hombres también han vivido una ristra de opresiones sociales... conscripciones y frentes de guerra, esclavitudes activas y masivas, torturas, plagios, extorsiones, traiciones, amenazas, destierros, condenas, riesgos, durezas y accidentes de trabajo así como despojos en mucho mayor número, intensidad y volumen que las mujeres, además de asesinatos y suicidios efectivos.. una condición de desigualdad de la que se sienten asumidos y orgullosos, sin quejarse por ese rol de género que les ha tocado vivir al día de hoy y a lo largo de la historia.

Los hombres son más chistosos, ocurrentes e ingeniosos que las mujeres -y han tenido que serlo, como todos los machos en la naturaleza. Ellos tienen impuesto como rol sexual danzar alrededor de las hembras, hacer sus mejores chistes y gracias, inflarse, pavonearse y medir fuerzas con sus congéneres machos, arrostrando el exilio territorial y la muerte si es necesario con tal de conseguir el sí de la hembra, quien los toma o los deja a su criterio (genético, material, estético) escogiendo a los hombres que deben danzar, patearse entre sí y arriesgar la vida y los dientes en aras de la hembra.

¡Y cómo se quejan ellas y hacen campaña contra lo que han tenido que hacer y sufrir por los hombres!

El poderoso encanto de los hombres malos (2)

Por: Débora Dora.

Un "malo" hará lo que se le venga en gana

Otra contradicción, sí señores. Pese a que nos gusta tenerlos bajo control, nada hay más atractivo que un hombre libre, que hace con su vida lo que le viene en gana y que propone planes totalmente surrealistas. "Carlos se perdía de repente. Yo pensaba de todo. Que estaba con otra, que se había emborrachado, que todo se había acabado", confiesa Laura, de 22 años. "Cuando finalmente aparecía, andaba con sus amigotes en otro lugar del mundo. ¡Se había ido hasta Argentina en un avión militar! Me di cuenta de que Carlos no era una posesión fija. Que él en su vida tenía otros intereses. Con este hombre, cada día era una sorpresa. Me manejaba la adrenalina de las emociones". La historia de Laura es bastante explícita y resume muy bien lo que definitivamente no debes permitirte: ser previsible. ¿Tienes un temperamento calmado y te gusta estar en casa viendo televisión? Tú verás como te las ingenias, pero para traerla a tus pies con solo chasquear los dedos, píntale a ella una vida que hasta el mismo James Bond envidiaría. Deja correr tu imaginación y, aunque suene contradictorio, ejercita tu espontaneidad.

Un "malo" tendrá un pasado misterioso

Nos encantan los hombres con historias oscuras, raras, no reveladas, con cierto halo de misterio. Y la razón es bien sencilla: el pasado se escapa del control femenino y abre la imaginación para suponerlo todo. "Cuando salíamos a un restaurante -cuenta Marina, de 26 años-, a Paul se le acercaban mujeres hermosas. Al preguntarle quienes eran, me daba a entender que habían tenido algo que ver con él. Me dije que si esas mujeres habían estado bajo el pecho de Paul, ese hombre tenía que ser muy, pero muy especial". Marina nunca supo si Paul le había pedido a un par de amigas que fueran al restaurante y lo trataran sugestivamente. Si fue así, su estrategia funcionó. Permite que ciertas actitudes tuyas vuelvan loca la imaginación de tu mujercita. Te garantizamos que se sospechará lo peor y, lo que es más paradójico, le gustará que hayas sido un hombre con un pasado largo, raro y experimentado.

Un "malo" nos hará sentir redentoras

Todas las mujeres coincidimos en lo mismo: estamos convencidas de que "algún día lo cambiaremos". Para entender todo lo contrario, creéme que nos hacen falta muchas sesiones con una psicóloga, pues según la teoría de una de ellas, "el hecho de tener el peso de la maternidad encima nos lleva a pensar que nuestro deber es educar hasta a la pareja misma. Mala cosa. Nadie cambia a nadie".

Ana María, de 29 años, dice: "Juan era mi jefe, y cuando lo conocí, estaba casado. Nuestro romance llegó lejos y él acabó divorciándose. Yo estaba convencida de que conmigo dejaría de ser infiel. Fue fiel durante meses y yo me sentí poderosa. Cuando me puso los cuernos la primera de tantas veces, tuve dos sensaciones. La primera: que no podía criticarlo porque asó lo había conocido. La segunda y más paradójica: ¡me gustó que Juan fuera un hombre deseado por otras! Me sentía orgullosa de andar con alguien que las volvía locas a todas".

Así que deja de preocuparte por tus defectos. Ya ves lo que pasa. Unas veces, los defectos se vuelven virtudes.

Un "malo" nos protegerá

Somos patéticamente románticas. Piensa que las películas de amor fueron nuestra inspiración en la infancia y en la adolescencia, y que todo lo que vimos en ellas, se convirtió en el modelo de lo que esperamos de nuestro hombre. Por ejemplo, odiamos a los que se pelean porque sí (solo para demostrar que son meros machos), pero adoramos a los que marcan su territorio con finura. Y es que las mujeres -prepárate para otra paradoja más- somos las más machistas de todas.

Nos encanta que el hombre sea tradicional en lo más sutil. Me explico: que abra las puertas, que nos de la mano cuando vamos a cruzar una calle (sí, el complejo de Electra no nos abandona), que le pida a alguien que apague el cigarrillo "porque a ella le molesta", que exija respeto para nosotras.

Nos gusta la posición del misionero, sí, porque ninguna mujer en privado podrá afirmar lo contrario: nos gusta sentirnos dominadas. Nos gusta que el sexo fuerte sea precisamente eso: fuerte. Así que afila tus instintos protectores (y aprende un poco de karate, por si las dudas). No te imaginas hasta qué punto te será útil.

El poderoso encanto de los hombres "malos"

Damos la bienvenida a otra colaboradora: Débora Dora.

Es doloroso confesarlo, pero sí: los hombres que no son detallistas, los que tras una cita reaparecen semanas después, los que ponen los cuernos, los que se emborrachan sin piedad de tanto en tanto, los frágiles de temperamento, esos, sí señores, son los hombres capaces de tener literalmente a sus pies a muchas de las mejores y más inteligentes mujeres.

Los expertos en hacerse desear hasta el frenesí resumen su regla de oro en una sola frase: "trátala bien, no sea que se enamore". ¡Vaya cuento de terror! ¿Cómo entender todo lo anterior si cuando se le pregunta a una mujer qué es lo que busca en el hombre de sus sueños, sus requisitos son radicalmente opuestos a los anteriores? "Es horrible tener que reconocerlo de frente", advierte no sin cierta dosis de vergüenza Susana, una ejecutiva de 27 años respetada en su trabajo por su belleza, talento e inteligencia. "De alguna manera, a las mujeres nos gusta sentirnos amenazadas. Queremos seguridad, sí, pero también cierta dosis de misterio en nuestro hombre. Queremos amaestrarlo, sí, pero que también nos saque de la rutina. Es muy contradictorio pero así somos las mujeres. Nos gusta tener lo mejor de las dos caras de la moneda".

Pero como se trata de que aprendas lo mejor de ese mundo de los que manejan con el dedo meñique a las mujeres, no me queda otra alternativa que revelarte brevemente siete razones que te terminarán convirtiendo en el más apetecido y deseado de todos los de tu especie.

Un "malo" jamás usará el teléfono

A las mujeres nos encanta que nos llamen. Una, dos y hasta tres veces al día. Y mientras más lo hagan, mucho mejor pues, de alguna manera, esa fidelidad teléfonica nos dice qué tan enganchado a nosotras está el hombre en cuestión. La situación inversa puede resultar ventajosa y explosiva para ti. Explico los motivos: cuando se produce un inesperado silencio telefónico, la mente femenina, tan llena de ramificaciones, empieza a imaginárselo todo: no lo cautivé como yo pensaba; algo salió mal; tiene a otra mujer en su listado; o bien, no fui tan especial como creí...

Crear inseguridad. Ése es el secreto. Nada desestabiliza más a una mujer como la incertidumbre, el ver entre paréntesis sus encantos, el no ser tan deseada y deseable como ella lo imaginaba. "Al principio no me gustó mucho", dice Ana, "era atractivo, pero nada más. Me dijo que me llamaría. No lo hizo en dos semanas y mi ego se hizo trizas. Volver a salir con él se convirtió en una obsesión. Con artimañas lo busqué y ¡no me volvió a llamar! Ahora no hago otra cosa que pensar en él para seducirlo y lograr derrotarlo". Primera regla: házte desear. Sé difícil. Puedo entender que te derritas por esa mujer, pero, por favor, no seas tan obvio. ¡Que no se te note! El teléfono es una buena herramienta pues, además, evitas que ella vea que te tiene con la lengua de fuera.

Un "malo" no tendrá detalles

"No piensas en mí porque no te manifiestas con pequeñas cosas". ¿Cuántas veces no has escuchado esta misma cantaleta? Ya sabes qué son esas cosas de las que ella habla: flores, joyas, idas al restaurante, viajes. Mientras más costosas y vistosas, mejor. ¿Y sabes por qué? Porque las "cosas" simbolizan lo que sientes por ella. Mientras más regalos le hagas, más sabrá que el que está arrodillado eres tú, no ella. Pues bien. De ahora en adelante procederás de la siguiente manera: ten algún tipo de detalle tan solo una vez al mes. ¡Máximo! Ella siempre estará a la espera del anillo de compromiso, una propuesta de matrimonio en el mejor de los restaurantes, un viaje tipo luna de miel para que pueda alardear frente a sus amigas. Así que para que piense que no te tiene conquistado al ciento por ciento (cosa que la volverá loca de rabia y de ansiedad) elimina sustancialmente los regalos comprometedores. No solo te ahorrarás unos cuantos centavos, sino que cuando llegues con algo, ella hará lo que tú le pides por ese "detalle" tan excepcional en ti.

Un "malo" se mostrará insatisfecho con el sexo

Dentro de la cofradía femenina hay una premisa bien establecida: no importa cómo hagamos el amor. Los hombres, animales en constante celo, siempre están prestos a hacerlo, disfrutarlo, pedirlo, rogarlo. Manejar y satisfacer estas ganas es una de nuestras armas más poderosas. Pues bien. Nada puede volver mejor amante a una mujer que la confesión de un hombre insatisfecho en la cama. "Jamás, en mis 27 años de vida, un tipo me había dicho después de hacer el amor que no lo había disfrutado. Que yo parecía una muerta en vida", cuenta Antonia. "Me dio rabia al principio, pero luego, preocupación. Así que al día siguiente me gasté más de 400 dólares en ropa interior, películas porno, aceites y perfumes. Llegué a su casa y le dije: Pídeme lo que quieras. Lo hice. Quería saber qué era para él ser una buena amante". Ojalá te quede claro. No demuestres tanto que estás que te la devoras una y otra vez. Como en los puntos anteriores, por favor, déjala que ella dude de todo. ¡Dudará hasta de sus cualidades sexuales!

Continúa en la siguiente nota.

El extraño caso de los hombres boomerang

Por: Yazmín Alessandrini.

Diversas son las formas de reaccionar de muchos de ustedes, chicos, al enfrentar el momento de ser despedido o, como dicen por ahí, "puesto de patitas en la calle". Máxime si usted se ha vuelto dependiente de su mujer.

Esta dependencia suele darse de distintas formas, por ejemplo: puede que usted se encuentre profundamente enamorado de su "gordita", pero esto a ella le tiene sin cuidado, y peor aún, usted no es correspondido y ella esperará la primera oportunidad para sacarla de la jugada y seguir su curso sola, sin la molestia en la que usted desafortunadamente se ha convertido.

Frecuentemente lo anterior es el resultado de un desbalance económico en la pareja, a veces causado por el poco interés e iniciativa del varón, quien se sabe seguro y demuestra tranquilidad, aunque las deudas se vengan encima cada vez peor. Sencillamente el ha encontrado su espacio de confort y se ha acostumbrado a que su mujer todo le resuelva: renta, comida, pago de servicios, esparcimiento y, ya en planos más avanzados de vergüenza distraída, hasta las rondas de tequila corren por cuenta de ella.

Para colmo, muchos de ellos se han declarado completamente aptos para desarrollar el rol de amo de casa, a medias, pero a gusto, tienden la cama, lavan los platos, aspiran la alfombra y, quizá, hagan de comer. Todo esto a cambio de estar libres y sin remordimientos llegada la tarde, exactamente igual que las chicas, pero aquí el "amo de casa" se va con sus cuates, en lo que ella trabaja duro para que nada falte en este hogar feliz.

Pero la mula no era arisca, dice el viejo refrán, ¡la hicieron a palos! Llega el momento en que ella no soporta más esta penosa situación y ¡zaz! Lo manda a Timbuctú por los capuchinos. Claro que a primera instancia el ofendido marido no da crédito que su gran sacrificio no sea reconocido y sin titubear se retira indignado del terreno marital, pero... pasan los minutos y antes de que estos se conviertan en horas, el terror comienza a invadir a este indignado muchacho; muchas ideas pasan por su aturdida cabecita, como... dónde dormiré, dónde comeré, dónde lavaré mi ropa.

Algunos, en peores aprietos, se preguntarán en dónde les darán de comer y les lavarán la ropa, quién les dará dinero o quién les dirá buenas "noches antes" de ir a dormir.

Entonces, el efecto boomerang se hace presente y en cuestión de horas y dejando la dignidad bien guardadita, este personaje se encontrará de vuelta. Lo mismo suele ocurrir con chicos de mucha iniciativa, pero con menos suerte. Quizá a ellos no les ha pintado tan bien el panorama laboral como a ellas y suelen sufrir del mismo rechazo y los mismos reclamos que en el primero de los casos. Pero en este caso usted, mi querido amigo, tendrá que escoger la mejor mesa para dar un fuerte manotazo y con firmeza afrontar la situación, y si no lo quieren, tenga la seguridad de que habrá la mujer que sí lo haga. No permita ser minimizado de esa forma y mucho menos caiga en el cursi y patético comportamiento del "hombre boomerang" y muéstrese mejor como punta de ballesta, la cual una vez disparada jamás regresará.